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Mostrando entradas de 2014

Wáters ¡qué lugares!

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El ser humano es sorprendente. En muy pocos años ha conseguido crear máquinas capaces de mostrar el interior del cuerpo humano en una pantalla (sin necesidad de llevar a cabo una vivisección), de conectar un extremo del planeta con el otro a tiempo real, de construir robots que realizan tareas de manera más precisa y eficiente que las personas. No obstante, pese al avance técnico, científico y artístico todavía hay un par de aspectos que se han mantenido constantes. Los clásicos temores del ser humano (a la soledad, la enfermedad y la muerte) son el primero; el otro, mucho más prosaico, es el que nos ocupa hoy: los baños públicos y los sucesos paranormales e incómodos que acontecen en su interior.
En los aseos públicos de mujeres (puesto que la naturaleza me ha dotado de dos cromosomas X y, de momento, no cultivo el voyeurismo, son los únicos sobre los que puedo pontificar con verdadero conocimiento de causa), sucede un extraño fenómeno que me trae de cabeza. Se trata de la presencia …

Yano ya no cuenta cuentos

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La otra noche estaba viendo por enésima vez un capítulo de los Simpson en la tele. Durante el intermedio, lejos de hacer algo productivo con mi existencia, o simplemente cambiar de canal, me quedé tirada tragándome todos y cada uno de los anuncios que, dadas las fechas y el público mayoritario de los Simpson, no podían ser más que de juguetes.

Si bien algunos no han cambiado, véase El Cocodrilo Sacamuelas, o el UNO -que existen desde que el mundo es mundo y Jordi Hurtado presenta Saber y Ganar- otros, en cambio, han introducido aspectos novedosos para adaptarse a las necesidades de los niños del siglo XXI. El Micronova y el Alfanova se han hecho a un lado para dejar paso al Make Your Case, una estación de manufactura infantil de fundas de teléfono móvil al más puro estilo taiwanés.

El viejo robotEmilio, que en otro tiempo fue deseado por todos los niños, ahora va de gasolinera en gasolinera ofreciendo sus servicios a recios camioneros, a cambio de un trago de aceite de motor que le ay…

Usos y costumbres del refinado interlocutor virtual

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El ser humano es un ser social y ególatra por naturaleza. Necesita dar a conocer su opinión -por estúpida que sea- a los demás y que ellos la aplaudan. (Evidentemente, mi blog es la excepción que confirma la regla). Una buena forma de hacerlo es pontificar sobre las noticias de actualidad del momento. Este ritual que antes tenía lugar en bares, cafeterías, o en frente de la máquina de café; ahora -como tantas otras cosas- se ha trasladado a la red. Así, nuestras palabras, lejos de irse mecidas por el viento, quedan plasmadas para la posteridad en un comentario de Facebook que, aunque borremos, permanecerá encriptado por lo siglos de los siglos en algún lenguaje de esos que sólo algunos frikis elegidos entienden.

La situación comunicativa ha cambiado por completo y puede que  a algunos de vosotros os cueste adaptaros. Actuáis como si todavía estuvierais intercambiando opiniones en la peluquería, la cola de la pescadería o el Bar Pepe, cuando en realidad estáis escribiendo en la página…

EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON NO ES TAN CURIOSO

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El viernes me dormí, motivo por el que no tuve tiempo de prepararme el bocadillo que sería mi almuerzo. Una vez en la calle, decidí parar en una panadería para comprar algo que comer al mediodía. La chica de detrás del mostrador, apenas un par de años mayor que yo, se dirigió a mi como si estuviera hablando con una discapacitada mental. Cualquiera de vosotros, mis queridos lectores, os hubierais sentido incómodos u ofendidos al creer que esa chica os estaba vacilando. Por el contrario, esta servidora, acostumbrada, no le dio más importancia, pues sabía que no lo estaba haciendo de mala fe. Finalmente, la panadera formuló la pregunta que yo ya me esperaba: ¿Ya empezaste el cole? No tenía tiempo para sacarla de su error, así que asentí con cara de pena, cogí mis empanadillas junto con la vuelta, y me fui.

A mi, como al pobre Benjamin Button al final de su vida, toda la gente que no me conoce y se topa conmigo en contextos que pueden dar lugar a confusión, me echan menos edad de la que t…

Adiós al Alkor

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Los jóvenes estamos acostumbrados a que nos estafen allá donde vamos.  Somos una presa fácil dispuesta a pagar cincuenta euros por unos playeros de lona (conocidos en otros círculos como Converse All Star), a cambiar de móvil más a menudo que de ropa interior, a tener encargada la PlayStation 4 cuando todavía nos funciona la 3 o, incluso, la 2. Mientras algo sea bonito, o en su defecto esté a  la moda, no importa que sea caro o de mala calidad. Cuando salimos de fiesta las cosas no son muy distintas: pagamos alegremente tres euros por un cachi (un mini para los de debajo de la Cordillera Cantábrica) de mocho tras ver en nuestras narices como nos lo preparan con cola del LIDL y un caldo que pone al Don Simón a la altura de un Gran Reserva; apoquinamos cinco pavos por una copa mal echada del peor garrafón del mundo y, no contentos con eso, nos tomamos un chupito de Tikela (ojo, que no es ni siquiera Tequila, sino un sucedáneo que mete miedo) al precio de un José Cuervo. A continuación,…