martes, 26 de marzo de 2013

La pescadilla que se muerde la cola

Hola a todos

Estos días he estado enferma y por tanto me he dedicado a los quehaceres propios de la fiebre: ir del sofá a la cama y de la cama al sofá con ingentes concentraciones de paracetamol en sangre. En el sofá veía la tele, y en la cama escuchaba la radio. Y en ambos medios hablaban siempre de las mismas tres cosas: Chipre, Bárcenas - Gürtel y los EREs de Andalucía.  Este domingo por la mañana, mientras esperaba a que me hicieran efecto los analgésicos escuchaba  un programa en Onda Cero en el que los contertulios se pusieron a hacer "recuento" de los casos de corrupción que estaban siendo investigados y juzgados a lo largo y ancho de la piel de toro. La mayoría nada originales: licencias urbanísticas, blanqueo de capital, cuentas en paraísos fiscales, etc. Sin embargo, hubo uno que me llamó la atención especialmente: el caso Cooperación. 

Con ese nombre, me imagino que ya sabéis por dónde irán los tiros... No, no es broma, en la Comunidad Valenciana se apropiaron de 6 millones de euros cuyo destino no era otro que el Tercer Mundo. Me quedé absolutamente petrificada y si en otro tiempo me hubiera cabreado lo único que hice fue disgustarme y preguntarme qué puede pasar por la cabeza de un político (que por definición tiene posibles) para llevar a cabo semejante sinvergonzonería. Después de pensarlo mejor me planteé otro interrogante: "¿qué podía llevar a una sociedad a encumbrar en el poder a tales elementos?" ¿El inquebrantable sectarismo? ¿el desencanto de los voots en blanco y las abstenciones? ¿la estructura del sistema? ¿los prejuicios? Je ne se pas.

A menudo pienso en discurso del movimiento 15-M y de otros colectivos pacíficos que son calificados por muchos como "antisistema". Predican el desmantelamiento de esta oligarquía disfrazada de democracia, de las entidades financieras y en último término de la sociedad actual de consumo,  en aras de una nueva sociedad donde prime la solidaridad y la igualdad de derechos. Su púlpito, al igual que el mío, es un ordenador Samsung o un Iphone o cualquier otro dispositivo electrónico montado en algún país donde el sueldo y las condiciones de la mano de obra sean "rentables" para la multinacional que firma el producto. Ellos, y yo, y apuesto a que el 99% de vosotros también llevan ropa de Zara, Pull´n Bear, Mango y demás marcas textiles cuyas fábricas están asentadas en Vietnam, Taiwan, Marruecos, Turkía, China, y en las que todos sabemos, o, por lo menos, intuimos lo que sucede. Ellos, viajan en avión, gastan luz, agua, electricidad, teléfono, INTERNET, es decir, le ponen la comida en la boca a sus enemigos. Con esto no pretendo demonizarlos, ni tacharlos de hipócritas, ni siquiera increparlos, (de hecho, yo soy la primera egoísta que en la máquina de café jamás compra el de comercio justo porque es veinte céntimos más caro) lo que pretendo es poner en relieve la complejidad de este sistema que nos tiene atrapados. Nos pasamos el día quejándonos de todas las barrabasadas que nos hacen los ricos y lo desprotegidos que estamos frente a ellos, del fraude que es la política, de la  vergüenza que supone que  se esté salvando a los bancos mientras miles de familias son desalojadas, pero a la vez somos nosotros quienes al convertirlos en proveedores de necesidades superfluas (sin las cuales ya no sabemos vivir) les damos el  poder sobre nuestras vidas. 

Estamos siendo consumidos por nuestro propio consumismo. 

Es una paradoja cuya resolución no sólo pasa por derrocar a los responsables directos (cortar cabezas es muy fácil y todos, si nos dan una hoja afilada y nos cabrean lo suficiente lo sabemos hacer, pero no soluciona nada) sino por algo mucho más complicado y doloroso y a lo que pocas personas están dispuestas, derrocarnos a nosotros mismos.  



miércoles, 13 de marzo de 2013

Blanco sobre fondo blanco.

Hola a todos:

Hoy ha sido un día muy... muy blanco. El cielo era blanco por las nubes, el suelo cubierto de nieve también estaba blanco y, ¡cómo obviarlo! ha habido fumata blanca. Ese sin duda es el tema del día, la elección de un nuevo papa, como toda noticia relacionada con la curia no está exenta de polémica. Los detractores sacan trapos sucios (de fuentes de dudosa fiabilidad) mientras que los cristianos se tapan los oídos para no escucharlos. Mi opinión al respecto, no importa, este no es un blog de política ni religión, sino de humor, aunque hoy para variar, voy a hacer algo que me apetecía desde hace tiempo: un post serio (sí, lo habéis leído bien).

Hace unos días alguien me pasó una noticia sobre Cassidy Hooper, una niña estadounidense de trece años que había nacido sin ojos ni nariz, pero con el resto de su cuerpo perfectamente sano. (Podéis buscarla en algún periódico digital, es reciente, pero yo voy a poner fotos porque no quiero herir la sensibilidad de nadie) Las imágenes eran verdaderamente perturbadoras, tanto que en un primer vistazo creí que era una coña con el photoshop, hasta que lo busqué en la prensa "seria" y las dudas se desvanecieron. Me quedé con muy mal cuerpo toda la tarde.

Esa misma noche, estaba acabando de preparar un examen que tenía al día siguiente, me acosté tarde y lo peor de todo es que lo llevaba bastante mal. Cuando me metí en la cama pensé "De puta madre, mañana a por un suspenso como una casa", pero, como salida de la nada, llegó la siguiente reflexión a mi mente "¿Y? Por lo menos tengo ojos para volverlo a estudiar". Me acordé de la niña, de ella y de tantos que no tienen las oportunidades que la vida me ha brindado a mí, ya sea por culpa una enfermedad o por haber nacido en la pobreza. Con esto no quiero decir que los habitantes sanos del primer mundo tengamos que estar siempre contentos, porque a veces la tristeza está dentro de las personas y no se puede acabar con ella por mucho que se intente. A donde pretendo llegar es a que estaría bien graduar, en la medida de lo posible, la importancia que le damos a las cosas, simplemente, por nosotros mismos, para poder disfrutar de la lotería que nos toca todos los días cuando nos despertamos sanos entre las sábanas de nuestra cama limpia y calentita. En mi opinión, la mejor forma de intentar que los problemas no nos sobrepasen es ponerlos en perspectiva.  Por ejemplo pensar lo siguiente:

"¿Iría a contarle mis problemas a Cassidy Hooper? Y si lo hiciera....¿ella pondría la misma cara que pusimos cuando  Cristiano Ronaldo dijo estaba triste?

Estoy segura de que lo que yo considero un día "de mierda", sería un regalo para muchas personas de este mundo. 

Hasta la próxima.