lunes, 19 de agosto de 2013

OD(I)A AL ARTE MODERNO

Hola a todos:

Estoy muy triste. Me han descalificado de un concurso de poesía. No he hecho un Ana Rosa plagiado a nadie. Lo que sucedió es que mi obra incumplía las bases del concurso. No por el contenido irrespetuoso con cualquier ser vivo o inerte,(las bases no decían nada al respecto) más bien por el simple hecho de que mi poema rimaba, y para colmo... ¡En consonante! Y las bases lo traían muy claro:" no se admiten composiciones con  métrica clásica, ni rima, ya sea esta asonante o consonante". La explicación es simple: era un concurso de poesía moderna.
Así que con el espíritu perseverante que me caracteriza me volví a presentar con una obra más acorde al espíritu del concurso. Aquí os la dejo, comentada por la autora (usease esta menda).

OD(I)A AL ARTE MODERNO (El título habla por si solo)

Puedo vomitar (cuanto más kitsch, mejor)  los versos más tristes esta noche, pero no soy un juglar para hacer versos. Aunque si tristes.
Tan tristes como los tres tristes tigres que comían trigo en un trigal, o... lo triscaban. (Nótese referencia a la cultura pop, indispensable en este tipo de composiciones). 
Tan tristes como los ojos de Perséfone en ese infierno de soledad sonora  (he aquí una frase pretenciosa, básicamente para adornar) que es la primavera en el cabo de Despeñaperros, desde donde tiramos a los aristogatos durante la revolución francesa (juego de palabras sin sentido con múltiples interpretaciones)
Porque la venganza me gusta fría, en plato hondo y con una copa de Rioja de la cosecha de las uvas de la ira (final contundente, pero sin mucho significado, soy una jovencita alegre y despreocupada, no un somelier con ansias de venganza, pero de alguna forma había que acabar...no?)

Para concluir el post de hoy, os voy a contar una pequeña historia. No se trata de una de mis dramatizaciones, con las que acostumbro a abrir mis post con el fin de crear un contexto apropiado para mis chascarrillos (como el ficticio concurso de poesía del que os hablé antes), esto sucedió de verdad, y yo fui testigo.
Hará unos seis años, vinieron de visita unos amigos de fuera, y mi madre y yo salimos con ellos el domingo por la mañana para enseñarles la ciudad (el casco antiguo, los monumentos, etc.). Al pasar ante el edificio histórico de la Universidad divisamos un cartel que anunciaba una exposición de Pablo Picasso en el interior. A mi madre, como a cualquier amante del arte que tiene la oportunidad de ver "Picassos" originales y encima gratis,  le brillaron los ojillos de alegría, y sin pensarlo dos veces entró, y nosotros con ella.  Sus ojillos de alegría se tornaron en decepción, porque los "Picassos"  ahí expuestos no tenían NADA que ver con esto:


ni esto:


ni tampoco esto:



Eran una serie de (¿grabados? no lo recuerdo exactamente) escenas protagonizadas por penes con cara. No bromeo. Yo no sé mucho de arte, pero no me pareció una maravilla, ni nada que se le parezca. Era algo más cercano al borrador de una viñeta del Jueves que a los cuadros de ahí arriba. Para ser más precisa, me recordó a los trazos que algunos adolescentes realizan en sus libretas de Matemáticas, Lengua o Historia en lugar de atender en esas clases. Es más, si Picasso  hubiera añadido una firma de grafitero, ni el mejor crítico del mundo habría sabido distinguirlo de la obra de un quinceañero salidillo. ¿Cuánto valdría cada una de esas piezas? Imagino que una cifra con tantos ceros que hasta un profesor de matemáticas se perdería contándolos. Eso sí, os garantizo que no valían más que la cara de mi madre al verlos. Eso sí que no tuvo precio.

Hasta la próxima!